Organizaciones inteligentes

Organizaciones inteligentes

Una organización inteligente convierte a su capital humano en el eje sobre el que hacer girar su engranaje. Se trata de optimizar el rendimiento fomentando la motivación y la productividad de sus empleados, en una espiral sin fin que se retroalimenta de la experiencia vivida, aprovechando al máximo las enseñanzas que produce. Hacer del aprendizaje una práctica continua, no solo de los empleados, sino de la misma organización, facilita la transformación y hace mucho más efectiva la gestión del cambio.

En la visión de una organización inteligente cada uno de los profesionales con que cuenta es valioso en sí mismo, con independencia del rol o función que desarrolle, tiene capacidad para comprometerse al 100 % con los objetivos fijados, es fuente de nuevas ideas, aporta creatividad en su quehacer cotidiano y gestiona sus tareas y equipos con libertad.

Es a partir de los estudios desarrollados por otros grandes maestros como Ackoff, Argyris, Forrester, Gardrner, Kleiner, Schein o Sterman, desde los que Peter Senge desarrolla su teoría de las cinco disciplinas para el desarrollo de una organización inteligente: dominio personal, modelos mentales, visión compartida, aprendizaje en equipo y pensamiento sistémico.

Las cinco disciplinas
1- Dominio personal.
Es necesario que cada una de las personas que componen la organización aprenda a reconocer sus verdaderas capacidades y sus limitaciones, así como las de aquellos que le rodean. De la misma manera, deben ser capaces de identificarse con la visión de la organización, comprometiéndose a crecer al mismo ritmo que ella. Expandir el potencial personal de cada individuo facilita la consecución de los objetivos fijados.

2- Modelos mentales.
Estereotipos, paradigmas o modelos inconscientes pueden alterar la visión de lo que nos rodea, por tanto, identificar y desarrollar los modelos mentales permite manejarlos adecuadamente, facilitando una comunicación mucho más efectiva.

3- Visión compartida.
Las visiones corporativas y personales deben unificarse de forma que el interés de cada uno coincida con el interés general, de esta manera, al compartir los valores, el compromiso aumenta.

4- Aprendizaje en equipo.
Aprender en grupo aumenta las interrelaciones al tiempo que permite reconocer y, por tanto, eliminar, aquellos comportamientos, muchas veces inconscientes, que levantan barreras en las relaciones. Además, compartir ideas provoca un “efecto llamada” para la creación de nuevas y mejores ideas. Fomentar el diálogo ayuda a construir equipo.

5- Pensamiento sistémico.
La visión holística de las organizaciones tiene en cuenta no solo los diferentes elementos que la componen, sino las interacciones que se producen entre ellos. Al ser capaces de ver el bosque sin perder de vista los árboles, se logran cambios más efectivos al involucrar a cada una de las partes en el desarrollo de la organización en su conjunto.

El proceso
Para adoptar el concepto de organización inteligente en una empresa se debe tener en cuenta una serie de claves que facilitarán el proceso.

En primer lugar, es necesario contar con una visión integral previa de la empresa que permita conocer con precisión los objetivos de negocio y los indicadores de desempeño. De esta manera se conseguirá que el trabajo de cada uno de los empleados guarde sintonía con la cultura organizacional.

Las organizaciones inteligentes deben poder predecir la evolución de su negocio de manera que se adelanten a las necesidades futuras al diseñar las estrategias más adecuadas. Para ello, la tecnología y los sistemas de optimización empresarial se convierten en aliados decisivos pues son la fuente desde la que se recopilan los datos que, una vez analizados, proporcionarán las claves para gestionar de la manera más conveniente los cambios organizacionales.

Gestionar el compromiso de las personas que componen el universo de la organización con sus objetivos es otro de los requisitos previos para construir organizaciones inteligentes. Todos y cada uno de los equipos de trabajo deben ser conscientes de la necesidad del rol que desempeñan y del impacto que producen con su actividad. Por tanto, realizar evaluaciones de desempeño debe ser otra cuestión para tener en cuenta, ya que una buena retroalimentación, ya sea positiva o negativa, mejorará el rendimiento, al tiempo que se identificarán aquellas áreas de mejora que precisen una mayor atención.

Por último, repensar el modelo jerárquico de la organización. Dado que las organizaciones inteligentes ponen el foco de atención en las personas que las componen, es probable que sea necesario realizar ajustes en el modelo para facilitar que cada uno de los empleados, sea cual sea el puesto que ocupen, puedan hacer su aportación de la misma manera, planificando su trabajo de forma independiente sin perder de vista la colaboración.

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