Océano azul: un mar de oportunidades

Océano azul: un mar de oportunidades

Muchas son las metáforas utilizadas en el mundo de los negocios para hablar de estrategia. Esta es una de ellas. El libro «La estrategia del Océano Azul» publicado en 2005 por W. Chan Kim y Renée Mauborgne, profesores de INSEAD, presenta una nueva visión de los diferentes mercados clasificándolos en océanos rojos y azules.

El mercado del océano rojo tiene sus fronteras bien definidas y recoge la práctica totalidad de la industria ya existente. En él, la lucha por alcanzar un mayor porcentaje de la demanda puede llegar a límites insospechados ya que superponerse o fagocitar a la competencia puede ser la única vía de crecimiento posible.

El mercado de un océano azul es todavía inexistente. Se trata de un espacio abierto a la espera de la llegada de nuevas industrias y, por lo tanto, carece de la contaminación de la competencia. Un océano azul se puede construir partiendo de la creación de una industria completamente nueva, lo que no es tarea fácil, o partiendo de uno o más océanos rojos a los que se les alteran las fronteras. Este fue el caso de Ford, cuando abrió un nuevo espacio con características diferentes al eliminar o difuminar los límites que separaban los carruajes y los automóviles.

Aunque pueda parecer una paradoja, todos los océanos que hoy consideraríamos rojos nacieron azules. En algún momento de su historia industrias que hoy consideraríamos básicas realizaron un profundo ejercicio de innovación y crearon nuevos mercados que demandaran los nuevos productos que ofrecían, bien porque idearon industrias muy diferenciadas o bien porque encontraron un punto en común entre varias ya existentes, dando lugar a un nuevo mercado. Es el paso del tiempo y la incorporación de nuevos actores, con la consiguiente masificación de la competencia, lo que lleva a un océano azul a teñirse de rojo.

Es cierto que los avances tecnológicos han proporcionado el espacio para establecer nuevos océanos azules en los últimos años y siguen haciéndolo, pero es la innovación en su más amplio sentido, y no solo la tecnológica, la que permite generar nuevo valor. Un océano azul crea nuevas demandas, disminuye los costos y aumenta el valor de los productos al plantear un escenario en el que el factor competencia es irrelevante.

Uno de los ejemplos más esclarecedores de la estrategia de un océano azul es el Cirque du Soleil, creado en Canadá en 1984. El mercado de los circos tradicionales se encontraba ya saturado, la demanda era baja y la única manera de competir era tratar de mejorar los números ya existentes o contratar a las mejores estrellas, lo que suponía un incremento de los costes. Los creadores del Cirque du Soleil hicieron desaparecer las fronteras entre el circo tal y como se conocía y el teatro, logrando una combinación perfecta con la que, además, lograron ampliar el rango de edad de la demanda ya que no solo se dirigía a niños sino a personas de todas las edades.

Entonces, si un océano azul ofrece mayores oportunidades de crecimiento, mayor generación de valor y menores costes, lo que se traduce en mayores ganancias ¿por qué las empresas no se lanzan a su conquista? La explicación podría encontrarse, al igual que les sucede a muchas personas, en la prevención o miedo que produce salir de la zona de confort. Los límites en un océano rojo son conocidos, igual que las reglas de juego.

Nunca hay que dejar de tener en cuenta el factor competencia, pero si en vez de centrarse en ella se prioriza la búsqueda de nuevos mercados en los que desarrollarse, donde sea baja o inexistente, y se explotan garantizando su continuidad, se generará un fuerte impacto en el crecimiento económico.

Un último e interesante dato: la mayoría de las industrias que lograron desarrollar un océano azul consiguieron un importante posicionamiento de marca que, en muchos casos, ha llegado hasta nuestros días.

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