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Lo sepamos o no, vivimos en un mundo plagado de metáforas. Construimos nuestro propio yo a base de incorporar a nuestra esencia aquello que nos llama la atención de los demás. Buscamos personas a las que seguir y emular para evolucionar y crecer. En resumidas cuentas, necesitamos líderes.

En este aspecto, el mundo profesional no difiere un átomo de lo que sucede en la vida personal. Necesitamos líderes, referentes en los que depositar la confianza, que sean capaces de hacernos crecer y llevarnos siempre hacia adelante en la búsqueda de un lugar mejor. El problema fundamental, en el universo de las organizaciones, es que tendemos a confundir los términos dirección y liderazgo. Pensamos que son sinónimos cuando nada hay más alejado de la realidad.

Dirección vs. Liderazgo

La principal diferencia entre ambos se basa en que, mientras que a la dirección se accede por imposición, al segundo solo es posible llegar por merecimiento. La primera es una dirección de un único sentido: el directivo imparte instrucciones y no necesita de la aquiescencia de sus subordinados para que sean cumplidas. En el liderazgo el doble sentido es un imperativo. El líder necesita de la actitud proactiva del liderado para considerarse como tal. Generalmente no necesitará dar órdenes para que cada uno haga lo que tiene que hacer, porque precisamente en este rasgo estará su esencia. Y como premisa fundamental, el punto de destino será siempre un lugar mejor del que se partió.

El directivo genera obediencia, el líder, compromiso. El primero habla, el segundo escucha. El directivo se aparta del grupo, el líder se funde en él. Al directivo le interesa conocer los cómo y los cuándo para llegar, posiblemente, a los cuánto. Para el líder lo importante es compartir los qué y los por qué en la seguridad de que, partiendo de este conocimiento, el resto de preguntas hallarán respuesta.

Entonces ¿no hay directivos líderes? Por supuesto que los hay, y en nuestro sector empresarial tenemos muy buenos ejemplos. Para el resto, este es el gran reto: conseguir incorporar a su vida el liderazgo. Y ¿cómo se consigue? Primero, tomando la decisión real y sincera de querer convertirse en líder. Segundo, reconociendo que, como para casi cualquier cosa en esta vida, es necesario formarse y hacerlo debidamente, lo que va mucho más allá de leer un libro o escuchar una ponencia. Potenciar las actitudes para desarrollar las aptitudes, convirtiendo los valores en realidades tangibles. Y, por supuesto, teniendo la humildad para buscar la ayuda de profesionales cualificados si es necesario. Un coach puede marcar la diferencia entre conseguir el objetivo o quedarse en el camino.

Dice el profesor Fernández Aguado que “gobernar personas es una ciencia artística”, puede que sea precisamente en este punto, en el del arte, donde el liderazgo tome el poder.

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